Autor Asier

March 3, 2010

Perder los PapelesLa semana había transcurrido muy lentamente, con enormes dificultades de comportamiento por parte de los jóvenes y con desencuentros convivenciales que iban a necesitar de un abordaje especial. Atrás habían quedado pequeñas batallas diarias sin resolver y quizás era demasiado tarde para recuperar la normalidad con el viejo librillo de buenas prácticas pedagógicas.

Fue un infierno humano encerrado entre cuatro paredes. Pequeños tiranos de 13 años que pretendían asumir el control de un hogar educativo a golpe de exigencias, peleas, provocaciones y desacatos. Las llamadas entre compañeros/as profesionales y demás comunicaciones sólo tenían un mismo fin: cómo abordar esas problemáticas y guiar a los compañeros/as entre tanta oscuridad.

Ni mi coordinador, ni yo como acompañante, teníamos la linterna mágica que nos alumbrará en momentos de penumbra, ni el machete pedagógico que nos permitiese abrirnos camino entre tanta vegetación. Pero si atisbábamos una realidad, como hasta el momento, NO. Uno que llegaba a las 11 de la noche a casa y pretendía hacerse un filete porque no le gustaba la cena, otro que procuraba comer siempre los postres habidos y por haber: helados, yogures… Otro que no se levantaba para ir al colegio, “total peor de lo que estoy no voy a estar“, otro que atacaba y perseguía demoníacamente a un compañero con discapacidad intelectual, para demostrar su poder y valía.

La visita a ese hogar, no fue una visita cualquiera. Tenía una carga implícita muy marcada. Esa tarde de sábado, iba a ser utilizada como resorte y apoyo incondicional a los compañeros/as que estaban lidiando con esas dificultades. Para los jóvenes, debía parecer una muestra clara de apoyo profesional. Todos/as somos educadores, todos/as somos los adultos significativos que patronan los diferentes recursos de acogimiento residencial, todos/as somos vuestra autoridad. Ya no valían los discursos moralistas, ni las negociaciones asertivas. Era el momento del puñetazo en la mesa y saber el sitio que le corresponde a cada cual y respetarlo sin condiciones: “Tú ahí y yo aquí. No te confundas: No somos iguales“.

Llamamos al timbre y a través de la puerta traspasa todavía un poco de murmullo y alboroto juvenil. Según nos abren, uno de los jóvenes impertinentes y alborotadores, se abalanza sobre nosotros y portando unos papeles en la mano, exclama: “¡¡¡Tengo mis derechos!!!. No me podéis tocar ni hacer nada. Los he leído y están aquí escritos“. No acaba su intervención, cuando le agarro de un tirón los papeles que portaba y los rompo en mil pedazos delante de su rostro. “Cuando cumplas con tus obligaciones, empezaremos a tratar de tus derechos“. Su mirada atónita y postura medio encogida, le rebaja un instante a la realidad terrenal que le corresponde.

Mientras me encamino hacía a la cocina, el joven se evade en el salón procurando jugar con un videojuego con cierta normalidad, haciendo ver que allí no ha sucedido nada; donde si ha pasado algo. Abro la basura y caen de mis manos hecho añicos, parte de la Declaración Universal de los derechos de la Infancia de Unicef y parte de los derechos de la Infancia del Ararteko (Defensor del Pueblo en Euskadi). El simbolismo de unos papeles o una declaración universal, rota en mil pedazos… Sólo por un momento.

El joven sólo se había leído el primer punto: El derecho a la vida; pero ignoraba que no existía ningún derecho relacionado a hacer lo que le venga en gana: ni en tiempo ni en modo.

Sobre el autor

Asier

Deja tu comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked

  1. Hola:

    Leyendo tu relato me vienen a la mente recuerdos de mi paso por la vivienda, donde el curso pasado realicé las prácticas. Momentos similares presencié en el piso. Es complicado trabajar con jóvenes, porque hay muchos factores que dificultan que se pueda realizar un buen trabajo educativo. En primer lugar, la etapa que viven ya es una primera traba para un buen aprendizaje. Después, el bagaje personal que atraviesan, donde no han tenido buenos referentes y donde han aprendido ha valerse por sí mismos como han podido. Es un trabajo nada fácil. Los chicos no aceptan normas. Pero también he comprobado (hablo de la experiencia práctica) que a los educadores les una mejor formación, unificar criterios a la hora de transmitir pautas a los jóvenes y también tener una visión crítica de su trabajo. Se dice “no se puede trabajar con estos jóvenes”, “hemos hecho lo que hemos podido”. Pero, realmente es así? o es una justificación para evadirse también de la responsabilidad de educador. No es un trabajo fácil, pero creo que es necesario también una mayor implicación. Y conste, que hable de mi experiencia práctica en una vivienda concreta, que bien puede extenderse a otras viviendas. Una nota de autocrítica, necesaria para la mejora.

  2. Como repito en muchas ocasiones a los usuarios con los que comparto muchas horas de vida y trabajo: ¿quien dijo que era fácil?
    Los recursos residenciales estan muy cargados de vivencias y de una dinámica muy fuerte que, en ocasiones nos envuelve a todos.
    Esta intensidad forma parte de este tipo de trabajo para bien y para mal
    Bueno es que tenéis el recurso del refresco, de l supervisión y el apoyo “desde fuera”

  3. He aquí que vuelvo a dejar por segunda vez un mensaje. No sé si mi mensaje de ayer no sé cargó bien. Ahora más escueto, quiero reflejar también la necesidad de autocrítica. Mi reflexión es que algunos educadores son poco críticos con su trabajo, cuando ésta es una herramienta necesaria para la mejora. Saludos

  4. Muy buena entrada Asier. Ya que cada vez encontramos más personas (no sólo jóvenes) que exige sus derechos pero evaden sus deberes.
    Nos volvemos tiranos, egoístas y no debemos olvidar y nuestros y nuestras jóvenes no deben olvidar, que juntos de la mano van deberes y derechos y sólo así se comprenden. Esto no es un corte de helado de nata y chocolate del que podamos apartar el sabor que no nos guste.

  5. Trabajé hace tiempo en un piso con menores de origen marroqui, no duré más de mes y medio. Cuando no hay mecanismos de control, el menor se da cuenta de que haga lo que haga no pasa nada y como no pasa nada pues hago lo que me da la gana. En mi opinión, si quieres tus derechos previamente haz tus deberes.

  6. En primer lugar, es perfectamente comprensible que hayas perdido la paciencia, Asier. Por el tiempo que llevo leyéndote me hago a la idea de que, si viviese en un centro de protección, seguramente estaría bastante contento con un educador como tú acompañándome…

    Y dicho esto, los derechos son precismente condiciones que no tienes que ganarte: los tienes como humano, independientemente de cómo te portes, de si eres Sadam Hussein o un chaval cualquiera de un centro tutelado. Es algo que en mi experiencia a veces cuesta aceptar por parte de los profesionales.

    A ese chaval seguramente le habrán reventado (simbólicamente) sus derechos en la cara miles de veces… Si no, no estaría en un centro de protección y viviría en un hogar con personas que le cuidarían por amor y no por vocación (en el mejor de los casos y con todo el respeto y cariño para quienes lo hacéis). Por supuesto, ser una víctima no es una excusa para victimizar a otros, de hecho no le ayudará a dejar de serlo… Peros sus derechos los tiene, los tenemos, hagamos lo que hagamos.

  7. Muchas gracias por participar. Efectivamente, en vuestras apreciaciones encuentro paralelismos y tambien diferencias, constructivas y oportunas.

    Inma, acepto tus apreciaciones y paso a matizar un poco mas lo que planteas desde tu experiencia en aquellas practicas:

    AUTOCRITICA: Necesaria y efectiva. Afortunadamente, todos los miércoles el equipo educativo hace uso de ella y puedo asegurarte que de una manera eficaz y directa. Sacar las cosas en la mesa, potencialidades y dificultades, para seguir avanzando en la buena dirección. Como persona y profesional, me equivoco; como no. Y mas de una vez, me he ido a casa “perdiendo batallas ” de opinión en el equipo o en el Hogar, que con el tiempo me ayudan a mejorar en mi labor.
    ¿Que no es suficiente? La Acción-Reflexión-Acción que profesaban los docentes de la carrera, tiene en el dia a dia, en el Educalog (veanse Blogs de Educación Social) o en Asambleas de menores , caldo suficiente para llevar a cabo la recomendación que comentas.

    En cuanto a la asunción o no de responsabilidades por parte de los profesionales: Habrá de todo. La unificación de criterios, es un puntal del trabajo diario que se perfecciona diariamente, pero sin olvidar por ello, la libertad y toma de decisiones universales por parte del educador/a individual. El equipo es el sujeto de la intervención educativa, pero nunca puede estar un equipo entero a la vez realizandolo. Un equipo educativo es la suma de varias experiencias educativas individuales. Con autocritica y capacidad de trabajo en equipo se logran aunar esos criterios de intervención. En nuestro caso, siempre suelo poner de ejemplo que si “decidimos o funcionamos en 1000 situaciones, 950 estan consensuadas por el equipo y las otras 50 parten del sentido común y el criterio del eduador/a en ese momento”. Esa unificación que aludes, en la convivencia diaria esta mas relacionada con hacer de “juez educativo”, que de educador propiamente dicho.

    Un saludo y gracias a todos/as de verdad.

  8. Muy acertada tu apreciaciación Asier.

    Estoy segura que eres un buen educador. El hecho de crear un blog para escribir sobre tus experiencias, exponerlas a los demás, reflexionar sobre ellas, es indicador que te preocupas por mejorar en tu trabajo.

    Quizá mi experiencia no fue todo lo positiva que hubiera deseado, ya que percibí que el trabajo educativo podía mejorarse.

    Una sola nota a lo que has escrito. Sí considero necesario que los educadores apliquen los mismos criterios y normas, sin creer que ello sea hacer de juez. Lo contrario puede generar en el menor inseguridad y contradicción.

    A pesar de mi nota crítica, reconozco el trabajo que se desarrolla en este ámbito, la falta de recursos con que se cuenta y la implicación de muchos educadores.

    Salu2

{"email":"Email address invalid","url":"Website address invalid","required":"Required field missing"}

¡Suscríbete a nuestra Newsletter mensual!

Si quieres estar informado sobre las últimas noticias, recursos y artículos sobre educación social, apúntate aquí y recibirás mensualmente nuestra Newsletter.

__CONFIG_colors_palette__{"active_palette":0,"config":{"colors":{"49fd8":{"name":"Main Accent","parent":-1}},"gradients":[]},"palettes":[{"name":"Default","value":{"colors":{"49fd8":{"val":"rgb(47, 138, 229)","hsl":{"h":210,"s":0.77,"l":0.54,"a":1}}},"gradients":[]},"original":{"colors":{"49fd8":{"val":"rgb(47, 138, 229)","hsl":{"h":210,"s":0.77,"l":0.54,"a":1}}},"gradients":[]}}]}__CONFIG_colors_palette__
__CONFIG_colors_palette__{"active_palette":0,"config":{"colors":{"9bd08":{"name":"Main Accent","parent":-1}},"gradients":[]},"palettes":[{"name":"Default Palette","value":{"colors":{"9bd08":{"val":"var(--tcb-color-1)","hsl":{"h":0,"s":0.8915,"l":0.01}}},"gradients":[]},"original":{"colors":{"9bd08":{"val":"rgb(19, 114, 211)","hsl":{"h":210,"s":0.83,"l":0.45}}},"gradients":[]}}]}__CONFIG_colors_palette__
Suscríbete!
__CONFIG_group_edit__{}__CONFIG_group_edit__
__CONFIG_local_colors__{"colors":{},"gradients":{}}__CONFIG_local_colors__