Autor Asier

febrero 15, 2011

Cada cierto tiempo, aunque más frecuentemente en periodos trimestrales y/o semestrales, casi a la par de su hermana mayor la pedagogía, vinculada esta a los ciclos escolares, aparece en la escena socio-educativa uno de sus puntos álgidos o cúlmenes.

No por la relevancia del mismo (quizá uno de los menos querido y disfrutado por lo profesionales), sino por su importancia y fuerza argumental. Es el testamento escrito, que de manera formal y profesional pasará a formar parte de nuestro trabajo, nuestro día a día, nuestros ciudadanos atendidos y nuestros educandos.

Testigo de momentos vividos, relaciones surgidas o fabricadas, de responsabilidades adquiridas y de los planes de caso llevados a cabo. Reflejo de diversos seguimientos, de acompañamientos realizados, de actividades desarrolladas conjuntamente y de multitud de objetivos marcados, consensuados y desarrollados: conseguidos y frustrados.

El informe ejerce en ocasiones, sin afán de pretenderlo, de sentencia judicial, de calificaciones escolares, de memoria sociológica, de crítica literaria, musical o cinéfila, de tertulia escrita o diario de sucesos. Recogida la influencia del racionalismo o análisis científico y el periodismo, pretende poseer como uno de sus pilares básicos la objetividad. La profesión suele entender que ese es el camino de optimización a conseguir, si bien es cierto que casi nunca llega a ser un fin último: se quiera o no, el educador no deja de ser una persona con multitud de vivencias, valores, ideales y, por tanto, prejuicios.

Algunas de las modalidades o tipologías de informe, que podemos encontrarnos habitualmente son:

INFORME LIGTH: Se trata de una narración concatenada y cronológica de hechos, sucesos y (des)encuentros habidos en la relación socio-educativa. No cree necesaria la aplicación de carga personal o emocional, ya que implicaría un plus de intromisión o intervención en las relaciones personales. De carácter muy lineal, y con la clara intención de realizar dicha tarea, sin más pena ni gloria. Suele ser un tipo de informe, que entremezcla variables y características afines al de la tipología aséptica.

INFORME ASÉPTICO: Suele ser el informe mas políticamente correcto. Utiliza terminología muy recurrente en la profesión (propia o prestada de la pedagogía, sociología y otras ciencias, casi siempre ligadas a las ciencias humanas). Tiene enorme tendencia a tomar la objetividad de los hechos y las personas como norma general, rehuyendo del juicio de valor y posibles incompatibilidades o malestares que podrían surgir o acarrear en el otr@ interlocutor@. Cumple expediente con muy buena nota, ya que suele estar muy bien redactado y (co)medido en sus apreciaciones. Es la tipología mas recurrente y utilizada por los profesionales de la Intervención social.

INFORME DESNATURALIZADO: No es el más frecuente ni habitual en la profesión, pero no por ello deja de existir. Su característica principal es que rehúye el compromiso deontológico de la veracidad y análisis crítico de las diferentes realidades planteadas. Opta claramente por agradar y mostrar empatía por la clientela, negándose a señalar las deficiencias o limitaciones de los casos, reflejando solamente todas sus potencialidades. Abusa de los eufemismos y circunloquios. También se dan casos, de cierta obscenidad narrativa e informativa al suplantar hechos o realidades, maquillándolas para el lucimiento personal o profesional. Su consideración entre los profesionales es peyorativa, con cierto halo de cobardía.

INFORME CRÍTICO: Posiblemente el informe más difícil de componer y realizar. Influenciado enormemente por la teoría crítica y su afán transformador. Conlleva de una mayor carga subjetiva de los hechos o acontecimientos, excediéndose en ocasiones en los juicios de valor. La redacción del mismo suele conllevar enormes cargas de parcialidad y juicios de valor, centrándose en la consecución o no de objetivos y sus razones de ser. Peca en ocasiones de pensar que lo allí escrito es palabra de ley y siempre conlleva una razón de carácter superior, guste o no a los usuari@s sujetos del mismo. En el gremio, tiene fama de informe valiente, sincero y directo.

Con este breve “informe” práctico, de las diferentes modalidades evaluativas que usamos los profesionales de la educación social, ponemos un punto y aparte, para respirar unos días, dar una vuelta a la idea e ir pensando en otras casuísticas que se den y aquí podamos debatir. Para que no me acusen de indiferencia, les diré que tengo mi propia modalidad trabajada: más cercana a unos postulados que a otros, casi siempre intentando rescatar lo mejor de cada una de ellas e intentando obviar los agentes o elementos nocivos.

Fotografía: “Ciencia loca” – Aníbal Pées Labory (2009)

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Asier

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  1. Interesante artículo, poniendo nombre y apellidos a las tipologias de informes. Claro que como sugieres en el artículo no todos los informes escritos son encasillables en los perfiles descritos. Lo que si creo yo que hay una mayor relación directa es entre el estilo o praxis educativa con el tipo de informes o escritos que realizas.
    Por cierto y como sugerencia yo añadiría un estilo de informe con el que me estoy encontrando mucho habitualmente:
    EL INFORME QUINIELA: Dicese de aquel que los items te vienen tan prefijados que el profesional se limita a poner X en las casillas. Eso si, en cada bloque de items, queda el espacio denominado «observaciones».

  2. Evidentemente que si, Bidezabal. El informe Quiniela, también frecuenta por estos lares.

    La relación praxis – informe es una verdad tan incuestionable, como la leyenda del huevo y la gallina. Ambas indisociables, sin llegar a saber quien fue última u origen.

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