Autor Iñigo

May 30, 2011

Carné de Padres y Madres Competentes

No es mi deber darte de comer, ni de cenar”. Si estas palabras se las dirigiese una madre a su hijo de treintaitantos, que no hace ni amago de mover un dedo con respecto a las labores domesticas, no pondríamos el grito en el cielo. Pero si en cambio, van dirigidas a un adolescente de 16, la cosa cambia y más aún, si esta situación se prolonga por más de un mes.

A esta madre yo le quitaba 6 puntos de carné. Estoy hablando de un carné ficticio, por supuesto, pero que últimamente me estoy empezando a plantear no como una idea descabellada, no como un sinsentido. ¿Acaso no debiera legislarse, regularse la competencia como padres o madres, estableciendo unos mínimos?

Ya con respecto a las razas peligrosas de perros, existen legislaciones, en las que se realizan estudios psicotécnicos para analizar la capacidad del dueño para educar convenientemente a su cánido.

Creo que si una persona no aprobara dicho test, tampoco se estimaría que tuviera capacidad para la educación de un ser humano.
Sé que resulta polémico plantear un tema así, ya lo decía Aznar en referencia al consumo de alcohol y la conducción: “¿Quién es la DGT para decir cuanto puedo beber?”; y ya sé que muchas personas indicarán que debemos apelar a la responsabilidad de las personas y no legislar y regular absolutamente todo. Pero permitidme que muestre mi indignación ante estas situaciones.

Estoy más que harto de ver encenderse una y otra vez en brillante neón, la frase “bastante bien está para la situación en la que se encuentra” en referencia a la situación familiar de los menores y adolescentes.

Soy consciente, de que éste es uno de los orígenes, uno de los desajustes del sistema, en los que educadores y otros profesionales incidimos como parte de nuestro trabajo. Debo decir que ojalá esta necesidad fuese menor.

Comentando esta reflexión, me viene a la cabeza la entrevista que protagonizaron mis compañeros Asier y Lucce en Tas Tas Irratia (Tas Tas radio). En dicha entrevista, el presentador aludía a la función del educador como controlador social, como profesional que corrige los desajustes del sistema. Este es un tema con suficiente entidad para dedicarle una entrada completa. Así que simplemente lo dejo colgado en el tablón de temas pendientes del Educablog.

¿Qué culpa tienen las hijas e hijos de que sus padres no tengan dos dedos de frente? Entonces ¿por qué han de pagar por errores de otros? ¿Están desprotegidos? ¿no existe ningún tipo de protección preventiva? ¿Acaso sólo somos capaces de parchear cuando el problema ha llegado a mayores?

Casi todos los días desde que reinicié mi trabajo, veo como niños y niñas, veo como distintos adolescentes, luchan por sobrevivir, por adaptarse a la realidad que les ha tocado vivir, intentan aceptar lo que les sucede, cómo son sus padres y madres, cómo seguir adelante terriblemente solos. En algunos casos, con el mínimo apoyo de un educador de calle, de forma puntual, o en el mejor de los casos, con alguna amiga o amigo en el que pueden confiar.

No en vano, es sabido por todos y todas, que trabajar con madres y padres resulta de lo más complicado, hallándose estos armados de corazas tejidas con hilo de grandes resistencias. En este sentido, resulta demasiado común la situación en la que trabajamos con el joven para intentar mitigar las consecuencias, o para acompañarle hacia un futuro más prometedor, mientras sus padres no muestran ninguna implicación, ni sentimiento de culpa (al menos aparente)

Resulta muy frustrante ver como quien tiene la responsabilidad principal con respecto a la situación de su hija, se evade de la misma y echa balones fuera, como culpando a la escuela (todo un clásico) o a la sociedad en general (el difuminador oficial de responsabilidades)

Seamos serios. Admitamos que no todas las personas son capaces de adoptar el rol de padres y madres. Vayamos más allá del conformismo de la imposibilidad de control. No estoy hablando sólo de control, estoy hablando de buscar fórmulas para la prevención, formulas para evitar que el más débil, la menos capacitada, el niño, la adolescente, sea víctima de la incapacidad de sus padres. No puedo conformarme con el papel de poner tiritas sobre heridas abiertas.

Imaginemos que se aprobara la realización de un estudio de competencias mínimas para ser padre o madre ¿Mejoraría la situación de nuestros jóvenes? ¿Tendríamos menos trabajo? ¿Quién sería el indicado para definir el tipo de estudio, quién sería la indicada para aplicarlo, para evaluarlo? ¿Habría que complementar esta medida con otras? ¿Qué medidas?

Ella tiene 17 y se ha quedado embarazada de un chico de 18 que conoció hace dos meses y se plantea seriamente tenerlo. ¿Qué futuro le espera a ese niño? ¿Está esa madre capacitada, es ese padre consciente de su responsabilidad?

Muchos interrogantes abiertos a vuestras mentes pensantes…

Sobre el autor

Iñigo

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  1. Me parece muy acertado este comentario y adecuado el sistema de puntos. Muchos problemas serían solucionados de raíz si se empezará desde los progenitores.

  2. estaria bien hacer un estudio de competencias minimas para ser padre o madre

    el problema (y MUY SERIO) es que algo asi seria MUY FACIL ensuciarlo con ideas politicas, intereses, etc…

  3. Entiendo que se debe trabajar con y en el sistema familiar y no solo con el menor, y aunque trabajar con los padres a veces no resulta fácil, más sencillo es juzgarlos sin tener en cuenta sus circunstancias.

  4. Creo que entiendo que hablas desde un cierto sentimiento de fustración…pero el texto me suena a control social…¿a donde nos llevan esas propuestas? …¿a qué grupos perteneceran los suspendidos?

  5. Tengo entendido que para la adopción se exigen unas competencias mínimas y se hace pasar por mil pruebas para asegurar que el niño/a va a parar a una familia que le de un buen futuro.
    Pero quien es el/la que está en derecho de establecer esos mínimos a la hora de ser padres biológicos??

  6. Interesante debate:

    Mónica: Aunque no resulte facil decirlo ni admitirlo, hay familias o padres/madres que son incompetentes en sus funciones. Como tambien hay educadores, políticos, funcionarios, médicos o policias de esa misma condición. Cuando los juzgamos en este artículo o ante cualquier acto impropio en nuestro quehacer profesional diario, no es en vano ni por hacer daño. Es con el conocimiento objetivo necesario de dichas circunstancias y la innecesidad de escudarse solo en ellas. Si conocemos y aceptamos las dificultades o necesidades, podremos llegar a combatirlas y superarlas.

    Txoti: Por supuesto que en las propuestas o medidas que propone el autor, iría implicta una medida de control social. El problema radicaría en el nivel del control y la necesidad del mismo para garantizar los derechos del menor: derecho a una familia/padre/madre adecuados. Como bien dice Natalia, las mismas responsabilidades o competencias que se le requieren a cualquiera otra familia que ose a serla.

    Un saludo y muy buena reflexiones a todos/as.

  7. Desde luego. El artículo está escrito desde situaciones que te remueven y en cierta medida te llegan a frustrar.
    Mi intención es que nos pongamos a pensar sobre estas situaciones, en concreto sobre el trabajo con padres y madres, y que nos replanteemos lo que se está haciendo de cara a avanzar, de cara a buscar nuevos caminos, nuevas maneras de hacer. Porque creo que ya no vale con decir que “trabajar con ellos es muy difícil, en algunos casos imposible”.

    Os invito, entre todos y todas a reinventar la intervención con padres y madres.
    Ya hemos reflexionado sobre la dificultad que supone. Ya hemos visto que hay otros factores macrosociales e intermedios sobre los que hay que intervenir. Pero…
    No nos quedemos en el análisis, demos un paso más allá y hagamos propuestas concretas para que la intervención con los progenitores no sea una utopía un imposible y entonces, quizá no sea necesario ese carné por puntos…

  8. En teoria estoy de acuerdo contigo. Seria idela poner en marcha un sistema de validación para valorar la capacidad y condiciones ideales para ser padre. Lo que no veo es el cómo, a nivel práctico: que items valoramos, quien, como se eligen, como certificamos su preparación. Y despues, que hacemos si unos futuros padres suspenden: Aborto obligatorio, cursos preparatorios – y si no aprueban??- hospicios, etc etc. Realmente, para ser padres solo se necesita estar biologicamente aptos. Nada más. Por eso tenemos tanto trabajo los pscicologos, educadores, psiquiatras, jueces de menores, etc etc etc…. Igual, buscando una utopia, si la educación y los hijos fueran un tema social, comunitario y no solo de los padres……

  9. Me parece un planteamiento lógico, expuesto desde una razón práctica: examen, evaluación de capacidades parentales e intervención acorde a los resultados.

    Pero creo que propuestas como esta se han de formular con mucho cuidado. Pues debemos tener presente los derechos y libertades del otro: a decidir por sí mismos, a estar ante presunción de inocencia (¿han de ser todos sistemáticamente malos padres/madres?), a ser resilientes y que creamos en sus potencialidades, no tan sólo en sus faltas.

    ¿Qué conseguiríamos con dicho carnet?, ¿qué pasaría con esos infantes, dónde irían?, ¿qué lastre arrastarían? (me retiraron porque un informe decía que mis padres no valían para educarme..)

  10. ummm intresante articulo de verdugos y víctimas al puro estilo de Vigilar Castigar Michel Foucault; ya puestos hacemos un una cárcel y la privatizamos, y así tenemos trabajo no?

  11. Melare, no hay mayor problema o dificultad en la profesión que la radicalización o los extremismos en la intervención y la trivialización de las mismas.

    Si queremos una profesión digna y seria, debemos empezar por nosotr@s mism@s.

    Y a poder ser, rescatar el debate de casos o experiencias propias negativas o nocivas.

    Un saludo

  12. La dignidad recordemos la damos o se nos es otorgada; en base nosotros o a las percepciones que recreemos en la sociedad; implementando mejores estrategias basadas en conocimientos prácticos teórico admitiendo que aunque creemos que nuestra “profesión” no es política, no quiere decir que este desidelogizada.

    Aiser a caso el simple hecho de plantear la pregunta del carnet no es un extremo. O acaso no son extremos luchar contra la pobreza que luchar contra la desigualdad.

    La legibilidad de la realidad no implica tan sólo una relación entre una infinidad de narraciones y/o descripciones del conflicto y una realidad extradiscursiva, relación en la que se acaba imponiendo la narración que mejor se ajuste a la realidad, sino que la relación es circular y autoreferencial: la narración predertermina nuestra percepción de la realidad.
    Slavoj Zizek (2007:18)

    Es decir que nos acabos autoconvenciendo de la realidad que no causa menos problemas.

    La reflexión sobre la etimologías de conceptos radicalización, extremismo, intervención,… sería un amplío debate. La inspiración de las ideas y las procedencias de la mismas no tienen por qué surgir de experiencias negativas, si más bien por mero ejercicio reflexivo y/o por aficiones a la lectura.

    Un saludo.

  13. Me parece un problema de muy difícil solución, porque la causa está muy bien invisibilizada: las relaciones económicas, el consumo.
    Padres, o lo que sean, en pleno goce de un liberalismo mal entendido -puesto el liberalismo implica necesariamente responsabilidad- van más allá de todo. No tienen que rendir cuentas a nada ni a nadie, porque ejercen plenamente un relativismo moral -conforme al cual, bueno es lo que yo defino como tal-.

    Y decía que está invisibilizado porque la intrusión de este modelo psico-mental (o como queráis llamarlo), a saber:
    “has lo que quieras”, ha sido instituido por especialistas en comunicación con fines 100% mercantiles.

    Un consumidor -no un ciudadano- consume más cuanto menos límites percibe tener; no importan qué consecuencias traiga ello consigo.

    Revertir la situación es, como mínimo, complejo. Pero empieza por crear otros espacios y otros modelos de comunicación (y de seducción).

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