Autor Iñigo

octubre 18, 2013

Social beteta

El palpitante ámbiente festivo de Basauri nos recibió con los brazos abiertos, siendo preludio de lo que se avecinaba en el Social Antzokia.

La gente se fue arremolinado ante las puertas acristaladas, hablando sobre Educación Social. Los primeros en llegar fueron los miembros del Colegio de Educadoras y Educadores Sociales de Euskadi y los integrantes del Educablog.

Las puertas abrieron el paso a un hall que se inundó de conversaciones entre amigos, apretones de manos desnudas, abrazos fruto de reencuentros y sonrisas sinceras. Las Educadoras Sociales se mezclaron con amigos, familia, profesoras universitarias, compañeros de otras profesiones y gente anónima, curiosa ante el centenar largo de personas que charlaban de forma distendida sin mirar el reloj, cómodas en su hábitat natural.

El olor a morcilla recién hecha que inundaba el exterior, contrastaba con el acido aroma a Educación Social de dentro del Antzokia. Los que ocupábamos la entrada, ajenos a los olores externos, sólo respondíamos al apetito pedagógico y no parábamos de «agitar» la profesión compartiendo inquietudes, recordando casos díficiles y desgranando posibles argumentos de mil guiones de películas no filmadas.

Dentro, el salón de proyecciones esperaba mudo, respetuoso. Poco a poco, como un río de lava, fuimos poblando las butacas.

El cálido murmullo dio paso a las palabras de aliento, de homenaje y de celebración. Reivindicamos la importancia de nuestra amada Educación Social, nos juntamos para celebrar que somos Educadoras y Educadores Sociales y que creemos en lo que hacemos.

Agitamos la profesión sin complejos, exhibiendo su majestuosidad humilde. El auditorio rompió en aplausos y la pantalla se iluminó con los planos cercanos de Ken Loach.

Jóvenes, delítos, peleas, robos, embarazo, determinismo, juicios, trabajos sociales, Educador Social, esperanza… Situaciones que a muchos de los presentes nos tocaban de cerca. Y por un momento no podíamos evitar cambiar las caras, mudar los nombres.
Fue momento de relajo y las carcajadas se sucedieron en un mosaico de sonidos espontáneos y vivos.

Las letras descendieron en cascada por la pantalla y fue momento de sonrisas cómplices. Salimos al exterior para poblar el hall de «hasta luegos» y cada persona cada Educadora y Educador Social regresó a casa a la espera de volver orgulloso a su gran labor al día siguiente.

Bueno, en honor a la verdad, no todos regresaron, a decir verdad, algunos nos quedamos dando cuenta de la hospitalidad de las personas de Basauri y de los «míticos» porrones de «Zurracapote». Había que celebrar y los ecos de gaitas, y los aromas de cachelos y lacón inundaban nuestros sentidos, mientrás la noche avanzaba al ritmo de palabras que hablaban de Educación Social, de nuevos retos, de nuevos proyectos, de seguir moviendo la profesión y de seguir moviendo a las personas que la construimos.

Un brindis por la Educación Social y por la «parte de los ángeles»

Por cierto, os preguntaréis qué significa la frase que da título a esta película…

En la fabricación del whisky, en el proceso de envejecimiento en barrica, se evapora y se va perdiendo una pequeña porción del mismo. A esa parte es a la que se denomina «la parte de los ángeles»

En las personas, aunque no se vea a simple vista, tambien hay una parte de ángel en la que como Educador Social creo y es un reto apasionante acompañar a la persona en la búsqueda de esa parte y que la haga visible al resto del mundo.

Sólo me falta por concluir… ¡Qué viva la Educación Social, carajo!

Sobre el autor

Iñigo

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