Autor Iñigo

December 11, 2014

innovación
Una de las cosas positivas de haber comenzado mi andadura como profesor en la universidad, es que he retomado la sana costumbre de leer textos y artículos científicos relacionados con la educación en general y con la Educación Social en particular.

Instigado por estas lecturas, no es la primera vez que me hago más consciente de que en el bullir de la actividad profesional, nos olvidamos del por qué hacemos las cosas, con buena intencionada inercia, en un vertiginoso ritmo de intervención falta de responsabilidad o quizá sería mejor señalar que falta de consciencia nos embarcamos.

Innovar…

Cuántas veces se ha unido la Educación Social con la creatividad…

“Tu mismo debes ser el cambio que quieres ver en el mundo”, Gandhi

Desde que en la carrera nos mostrarán los diferentes paradigmas y el crítico nos conquistara el corazón… ya en la práctica, nuestros pasos se alejaban de la “utopía” del papel de impulsor del cambio.
En este sentido, según mi opinión, la idea de la innovación como una revolución, como un cambio radical, no ha ayudado en nada a tomar tierra y a valorar la suma de los pequeños cambios.

Innovar no es poner todo patas arriba, es pensar más allá del aquí y del ahora, más allá de lo que se hizo y de lo que se está haciendo.
La innovación también está en los pequeños cambios, ya que en la suma de éstos está el origen de la Innovación con mayúsculas.

Como inicio, una pregunta, como detonante la interrogación…. ¿Se podría hacer mejor? ¿…y cómo?

Ser innovador no es la opción más cómoda pero sí la más gratificante en mi opinión. ¿Qué hay más satisfactorio que construir, que inventar más allá de la mera reproducción de lo que ya existe?

“Innovar es una actividad de riesgo cuyo principal riesgo es no practicarla.”
Jorge Wagensberg.

Unido a esta idea del riesgo, está la actitud de atreverse a probar, de osar a experimentar de entender que nos equivocaremos una y otra vez y que ese es el único camino para innovar, para ir más allá… que el error no deberá ser entendido como un fallo, sino como un paso necesario y positivo para acercarnos más a la respuesta.

Unido a la idea de asumir riesgos, está el aprender a vivir en la incertidumbre.
Resulta un aprendizaje necesario para la persona innovadora, el aceptar que vivimos en un mundo en continuo cambio, poblado de personas tan sorprendentes como únicas.

Si aprehendemos tal cuestión, estaremos atentos y atentas a la realidad con todos los sentidos, curiosos como si cada día fuese el primero de nuestra práctica educativa.

“Un adulto creativo es un niño que ha sobrevivido” Albert Einstein

Por otro lado, diré que innovar en solitario, como un héroe de los cómics de DC, puede resultar agotador, viéndonos a la merced de nuestro álter ego en menos que canta un gallo.

Una compañera me preguntaba cómo combatía el denominado síndrome de “la soledad del Educador Social”. A lo que respondí que impulsando proyectos con otros y otras profesionales.

“No todas las puertas se abrirán a nuestra llamada, pero sin llamar a las mismas no habremos de saberlo.”

Innovar es más fácil con la ayuda de otras personas, es más, está prescrito para la salud mental y tiene efectos beneficiosos como son el contraste, la amplitud de miras y una intervención más global y potente.
De esta manera, ya no seremos un héroe en solitario, sino un equipo innovador en condiciones.

Os diré para finalizar, que la Educación Social y las personas-profesionales que la formamos, deberíamos escuchar quizás, lo que una vez dijo el que fue uno de los mayores iconos de la creatividad y la innovación…

“Quiero poner un “ding” en el universo” Steve Jobs

Sobre el autor

Iñigo

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  1. Extraordinario y refrescante artículo, Tote. Mas “politico” y comprometido que nunca, en aras de una educación social mejor y mas universal

  2. ¡Gracias compañero! La innovación es necesaria para responder mejor a las necesidades sociales.
    Responder de otra manera a nuevas y viejas necesidades.
    “Soñaciendo” una sociedad más justa.

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