Autor Asier

febrero 17, 2016

EN SEGUNDO PLANO_3

Narraba el siempre ingenioso Miguel Ángel Aguilar, una anécdota acaecida durante la despedida del entonces exdirector del New York Times allá por el año 1984. Le preguntaban al extinto Sr. Rosentiel, al hilo de su trayectoria como periodista: “Y usted, ¿cuantas veces recuerda haber sido noticia?”, “Dos– respondió. Una cuando me contrataron y otra cuando me despidieron”.

Mucho se habla de la naturaleza pedagógica y acompañante del educador/a social, pero por momentos pasamos por alto que su carácter, en ocasiones intrínseco; a la invisibilidad, pudiese formar buena parte de su éxito en la praxis y por ende en el ejercicio de su profesión.

No es cuestión de ocultarnos o mimetizarnos en el ambiente social en el que desarrollamos nuestra labor socioeducativa, sino de entender suficientemente que uno de los códigos preeminentes versa en anteponer y centralizar a sus verdader@s protagonistas: personas que participan de proyectos, como bien suele apostillar la compañera Loli Velasco (Asociación Zubietxe).

Aparcar nuestros egos (desconfío del término referente) y ansias de superación en una profesión en ocasiones compleja y maltratada, obviar el tan pernicioso carácter de competitividad instaurado en la conciencia colectiva postmoderna y remar en el día a día hacía los valores clásicos que hacen de la especie humana un ser sin igual: humanismo, solidaridad, sentimiento comunitario frente al individualismo aislador, empoderamiento, actitud y compromiso….pudieran ser un buen marco referente en el que fijarse, si queremos endulzar nuestro trabajo y mirarlo limpiamente desde una perspectiva más panorámica.

No me cabe duda de la necesidad perentoria de visibilización y reconocimiento de la educación social como profesión a la par que un reconocimiento consorte en la relación educativa con la ciudadanía, no descuadrándonos de la foto, pero sin monopolizar el selfie de un retrato vinculante, que en realidad compartimos pero no nos pertenece.

Humildemente y en cada uno de los casos que me han permitido el lujo de acercarme a sus personas y por ende compartir un trocito de sus vidas durante un tiempo, me gustaría poder llegar a ser un pequeño artículo informativo (si quieren a doble columna) que apareciese durante nuestra presentación inicial y puntualmente los días o años posteriores, durante nuestros encuentros casuales o concitados, tras estrecharnos la mano o devolvernos dos besos. Ejemplificando y encerrando en todo ello, un proceso sentido. Sin grandes titulares ni noticias de primera, que no protagonicen sus intérpretes.

Foto niños/as: Javier Vallas

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Asier

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  1. Tampoco te habría ido mal tirar del ejemplo del buen árbitro en un partido de fútbol. Ya sabes, el mejor trencilla es el que pasa desapercibido, del que no se habla.

    Buen post, hermano.

  2. Efectivamente querido Lucce, la comparación no está mal traída. Pero si me permites, quisiera hacer una ampliación al simil.

    Entendiendo la posición del educador social, como un buen refereé, pero un trencilla cualquiera. Un Pier Luigi Collina en estado puro, que en su devenir profesional acabase dejando el poso de haber hecho mejores futbolistas a sus protagonistas .

    Un abrazo y buenas noches

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