Autor Educablog

octubre 1, 2021

Irreverente, provocadora, sensual y por momentos incestuosa, la Lolita de Nabokov (primero) y Kubrick (después), se asoma a nuestros días como un recuerdo de lo que fue y pudo haber sido. Me aventuro a atisbar cierto paralelismo con aquella bisoña educación social que conocí hará 25 años atrás.

El #Edusoday21 nos interroga sobre el quehacer y predecibilidades de la profesión en lo que serán sus próximas décadas. Tras una gran depresión económica, una pandemia sanitaria mundial y un volcán local; no se si quedarán cosas por escrutar en este próximo siglo, ciertamente. 

Si en la era digital, todo avanza a un ritmo vertiginoso y frenético, la educación social, tan demandante de la pausa y la necesidad de centralizar la relación de ayuda en el individuo por encima de un número de expediente, un proyecto o dispositivo; se antoja necesaria como reducto contestatario ante las dinámicas holográficas. Algoritmos, la no presenciabilidad y las citas previas que acaban en telemáticas no hacen más que aumentar y fragmentar una sociedad virtual descosida por el aumento del individualismo y la brecha digital.

Ante la falta de certezas, frente a lo futurible o predecible, contra las velocidades del consumo, necesitaremos una educación social solidificada y concienciada de los retos que las sociedades liquidas le proponen. Adaptándose, pero cuestionándose. Mirando con desconfianza los encargos institucionales que reproduzcan modelos homogeneizantes o centros contenedores de personas (infancia en desprotección, personas mayores, personas con diversidad funcional, personas privadas de libertad, personas con dificultad en salud mental, en adicciones etc…) sin atender, como históricamente Cosme Sánchez Alber denuncia: “la atención a la diversidad y particularidad de cada sujeto”. 

Nuestra Lolita dentro de 25 años, cumpliría 50. Mantiene cierta frescura, inherente a su condición fundacional, pero el paso del tiempo también hace mella en ella. Por momentos la noto cansada, hastiada de ver como por un motivo u otro, ciertas dinámicas gubernamentales y administrativos, acaban por menoscabarla, no otorgándole el reconocimiento profesional y social que merece e incluso, no pudiendo reconocerse en un marco legal profesional con Ley propia que la ampare, frente a sus grandes debilidades: el intrusismo, el poco cuidado profesional existente, los recortes (salarios bajos) y la precariedad laboral o temporalidad (@mandojana_biraka dixit).

PD. Siempre lúcido, siempre irreverente. Que la tierra le sea leve, Antonio Gasset.

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