febrero 16, 2022

‘La pérdida de población de las zonas rurales es un pequeño gran genocidio cultural. Se pierde el orgullo, la ilusión, la dignidad, el paisaje, y se borra la memoria’. Julio Llamazares

El abandono al que ha estado sometido el medio rural durante seis décadas ha configurado una realidad territorial que se caracteriza, principalmente; por la despoblación, el envejecimiento y la desfeminización, acompañada del desmantelamiento progresivo de los servicios públicos y una Política Agraria Común (PAC) que ha mirado más por los intereses de la economía capitalista, que por las personas que habitan los pueblos.

La inacción política ha dado como resultado unos territorios rurales asimétricos, donde las desigualdades se han ido acentuado con el paso de tiempo. Si nos paramos a identificar las necesidades más urgentes del medio rural encontraremos las siguientes:

  • Los pueblos no son atractivos – como lugar de vida y empleo -, especialmente para las mujeres y los jóvenes, que tienden a despoblarlos.
  • Desmantelamiento progresivo en la dotación de servicios públicos sanitarios, educativos, viarios y de telecomunicaciones.
  • Escasez de servicios a la comunidad (sanidad, educación, cultura,…). Es urgente desvincular la dotación de servicios a la población de la rentabilidad económica. Hasta que el criterio para la dotación de un servicio siga siendo el número de habitantes, el medio rural nunca superará la brecha de servicios actuales.
  • Dilación en la implantación de las TIC. Las compañías proveedoras de servicios tecnológicos dan la espalda a las zonas rurales aisladas y con baja densidad de población.
  • Heterogeneidad cultural. Desarraigo de la población con el territorio. Pérdida de saber.
  • Bajo nivel de autoestima de la población local.

El panorama es triste y desolador, como puedes comprobar, por ello es prioritario cambiar el relato. Es urgente que el relato de las acciones que se realicen se muestre en clave positiva. La narrativa renueva la vida comunitaria, se interioriza en nuestros pensamientos y ayuda a la construcción de un nuevo imaginario social. Ahora es más necesario que nunca cambiar la narrativa y comenzar a contar que los pueblos son lugares de oportunidades ante la sobreexplotación y contaminación urbana. En este aspecto, la educación social es el arma perfecta para cambiar este paradigma.

En las casi dos décadas que llevo vinculado profesionalmente a proyectos y organizaciones del medio rural, no he parado un solo día de preguntarme qué pintamos lxs educadorxs sociales en este ámbito, en este espacio, en esta realidad,… Y creo, sin pelos en la lengua, que tenemos mucho que aportar y ofrecer como profesionales de la acción y transformación social.

Y en este trajinar del trabajo por el desarrollo comunitario. En plantar semillas que germinen cambios. En transformar ‘cosas pequeñas’, en todo esto, nuestra contribución puede ser inmensa.

Quiero acabar este artículo para ‘Educablog’ haciéndote un regalo. Quiero compartir contigo este manifiesto político en construcción. Una hoja de ruta, una senda, un boceto,… que nos ayude a definir el ser y estar de la educación social en el medio rural. Tómalo, es tuyo.

  • Ser educador/a social en el medio rural es creer en el territorio, en la comunidad, en las personas y en sus potencialidades. Es apostar, sin postureos, en la transformación social y en la intencionalidad política y educativa de esta profesión. Trabajando desde la humildad del acompañamiento, desde el aprendizaje, desde los conflictos, desde los desafíos, desde la cooperación. (Re) construyendo las redes de apoyo mutuo y la identidad colectiva que el impacto de los valores urbanos y los medios de comunicación han ido calcinando paulatinamente. Promoviendo la recuperación de la memoria simbólica, como arma para potenciar la autoestima, la motivación, la resiliencia,…
  • Ser educador/a social en el medio rural es un acto de rebeldía, pero también de resistencia y lucha. Un acto para dar la espalda a la ciudad. Una ciudad contaminada, endeudada, artificial, egoísta, insolidaria, ruidosa y transgénica. Una ciudad de gente sin casas y casas sin gente. Un acto para reivindicar de dónde venimos. Para buscar el origen y la esencia. Un acto para defender la vida, el agua, el oxígeno, el sol, las semillas, el patrimonio, los saberes, el paisaje, la identidad, el conocimiento, el silencio,… Un acto para iniciar pequeños procesos, pero significantes que promuevan el rescate de la dignidad de las personas que resisten ante el olvido, la decadencia y la soledad.
  • Ser educador/a social en el medio rural es enfrentarse al abismo. A saltar sin red. A pasear por los escurridizos acantilados de la despoblación. A la sinrazón de la (des) ordenación del territorio diseñada por tecnócratas en despachos urbanos. Al cierre de consultorios médicos, de aulas unitarias, de tiendas de ultramarinos, de servicios educativos y culturales,… A oponerse a esas nuevas colonizaciones – que expolian los recursos naturales – promovidas por las grandes corporaciones (macrogranjas, huertos solares, parques eólicos) y se aprovechan, vilmente, de la poca e inexistente masa crítica que puede plantarles cara y decir: ¡Basta ya!
  • Ser educador/a social en el medio rural es trabajar por frenar la sangría permanente del talento. A recibir, sin protección, el impacto de tu eco vacío en tu cara. A resistir ante el ninguneo, los prejuicios, los imaginarios perversos que dicen que estamos muertos. A blindar las grietas por las que se desmantelan las culturas locales y campesinas, ya que las fauces de las grandes corporaciones del mercado alimenticio están al acecho, esperando pacientes, silenciosas y sin escrúpulos a la demolición programada de la agricultura y la ganadería.
  • Ser educador/a social en el medio rural es trabajar con la infancia, pero también con sus familias, proyectando una postura no conformista frente al mundo. Iniciando y acompañando procesos de interpelación y reflexión de la propia comunidad. Fomentado, desde la mirada apreciativa, valores como; esperanza, solidaridad, confianza en sí mismo/a, sensibilidad humana, indignación ante las injusticias, capacidad para soñar, coherencia, alegría de vivir y de luchar por la vida, compromiso,…
  • Ser educador/a social en el medio rural es soñar que es posible vivir con dignidad en los pueblos, por muy minúsculos que estos sean, y que no sólo es posible vivir en ellos; sino, que la sociedad del s. XXI, para tener futuro, tendrá que volver la mirada al espacio-territorio rural. El presente y el futuro es la tierra.

BIOGRAFÍA JAVIER PANIAGUA GUTIÉRREZ. Cincuentañero, palentino y padre de dos adolescentes. Educador social y TASOC. A veces escrito cosas ‘Desde el otero…’ en: http://javier-paniagua.blogspot.com/

Sobre el autor

Javier Paniagua

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