¿Cómo ser educadora/or social y no morir en el intento?

Cómo ser educadora, educador social y no morir en el intento, nos proponen las amigas y amigos del CEESC que organizan felizmente, un año más, el Carnaval de Blogs. Cómo serlo, nos preguntan, como si, en cierta forma, ese rasgo de supervivencia no fuese algo inherente o consustancial a la propia profesión en sí misma… bueno, quizá estemos pecando de un exceso de dramatismo o, quién sabe, para muchas y muchos igual hasta nos quedamos cortos. De hecho, aunque todo esto pretende tener un cierto toque humorístico, a veces la realidad de nuestro oficio nos plantea, literalmente, situaciones en las que nuestro pellejo se pone en peligro, tal y como, por ejemplo, atestiguamos en un post titulado “Mi educando me pega lo normal”.

En cualquier caso, la invitación a describir cómo nos lo montamos para no sucumbir en nuestro día a día está más orientada a reflexionar o plasmar o, mejor dicho, a reconocer y reconocernos en esos fallos que, como humanos que somos (sí, lo somos), también cometemos en nuestro ámbito laboral. Errores, a veces, fruto de la inexperiencia, producto del momento, generados muchas veces por las monstruosas garras de las burocracias a las que habitualmente nos vemos sometidos a respetar, etcétera.

Sea como fuere y tirando un poco de memoria, hemos recordado que en nuestro blog, www.educablog.es, ya nos hemos desnudado en alguna que otra ocasión mostrando nuestras vergüenzas profesionales con un afán, más allá de la exposición que busque la displicencia del lector, de buscar los comentarios de la audiencia para saber cómo ha podido resolver o cómo resolvería situaciones así. Por ello, si nos lo permitís y haciendo un ejercicio de memoria, traemos de nuevo algunas de esas reflexiones.

Por ejemplo, cuando hablamos de la necesidad de marcar una distancia con las personas con las que trabajamos. Ahí podemos atribuirle parte de culpa a la juventud, a las ganas de ayudar, de trabajar, a ser un poco inconscientes y a estar abiertos a darlo todo… pero a veces no es bueno ni para las personas con las que trabajamos ni, por supuesto, para nosotros y nosotras mismas el establecer una relación educativa en la que no estén bien definidos los roles y los límites de la misma. No podemos (en algunos casos, claro) llevarnos a casa a nuestras personas, no podemos quedar a deshoras, muchas veces a demanda, no podemos no saber decir no cuando hay que hacerlo… y aunque siempre lo haremos desde la mejor de las voluntades, pues eso, que puede traer consecuencias (y aquí, si os apetece, cabría el cacareado debate de la actitud personal-profesional del educador social, la famosa disponibilidad de 24 horas y demás) En ese sentido, os animo a (re)leer esta antiquísima entrada que, más o menos, viene a tratar esto de lo que hablamos: Distancia de seguridad.

Más. Perder los papeles. Sí, a veces se nos puede ir la pinza y acabamos diciendo o haciendo cosas que sabemos que no son correctas y que no contribuyen en nada a mejorar la situación de la persona a la que atendemos. Pero, como hemos dicho antes, somos personas humanas y, a veces, no vamos a poder conectar con el otro o la otra por más que queramos. En ese sentido, la pérdida de papeles siempre va a ser un indicador llamativo que nos tiene que alertar que, llegado el caso, debemos retirarnos o pedir ayuda o revisar lo que estamos haciendo y, si es necesario, dejar que otra compañera o compañero se haga cargo. También nos puede llevar a realizar algo tan pedagógico como, por ejemplo, perdir perdón a la persona a la que, en nuestra pérdida de papeles, hemos importunado. Espero que lo supiésemos explicar bien en este artículo.

Y por último a veces nos equivocamos por querer pecar de corporativos. Por proteger a esa compañera o compañero o a esa entidad o institución aún a sabiendas de que ha actuado de forma poco adecuada. Debemos ceñirnos a la ética y a los valores que rigen nuestra conducta (y, recordad amiguitos que, en caso de duda, contamos con un estupendo código deontológico) y si percibimos una conducta poco apropiada que, además, puede llegar a perjudicar a personas con las que trabajamos, tendremos que tratar de resolverlo hablando con las partes implicadas, acudiendo a algún tipo de organismo arbitral o lo que sea. Creo que lo explicamos con más detalle en el post Cercanía versus Corporativismo… FIGHT!!

En fin, creo que ya hemos contado bastante al respecto. Esperemos que haya quedado demostrado que a pesar de los pesares, seguimos, que no morimos en el intento. De hecho, esta propuesta para el Carnaval de Blogs 2018 nos parece francamente acertada ya que está muy bien sacar a la palestra los episodios en los que metemos la pata, que no todo va a ser darnos palmaditas en la espalda. Es más, siempre hemos defendido que el derecho a equivocarse es un derecho humano básico y esencial, que siempre lo vamos a hacer y que de esos errores se aprende. Por todo ello, gracias a las compañeras y compañeros del CEESC por hacer esta propuesta para el Carnaval de Blogs y, evidentemente, gracias por mantener esta iniciativa un año más.

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