Reflexiones a vuelapluma sobre Educación Social y Política...

Hace escasas semanas, en plena campaña electoral para las generales, algún compañero o compañera compartió la información de que una candidata del partido VOX en no sé qué provincia era Educadora Social. No sé si ejercía como tal o, simplemente, había acabado los estudios en dicha titulación. Sea como fuere, dicho anuncio originó cierto revuelo o, al menos, la mayor parte de la gente que comentó la jugada se llevaba las manos a la cabeza aseverando que ser educador social es incompatible con pertenecer a un grupo político de ultraderecha. Ciertamente, resulta chocante entender una adscripción ideológica como la mencionada y trabajar en este gremio. Básicamente porque, en principio, fundamentamos nuestro trabajo en la defensa y respeto a los derechos humanos y, ciertamente, algunas declaraciones de algunos dirigentes de VOX no parecen ir por ahí. Admitamos, por otra parte, y siendo consciente de caer en cierta generalización o arquetipo, que la nuestra es una profesión muy asociada a posiciones políticas progresistas o de izquierdas. Se podría decir que es casi inherente y que nuestra propia práctica socioeducativa está tiznada de una importante carga ideológica, de esta carga ideológica. No sé, en todo caso, si alguien que vota, qué sé yo, al PP o a Ciudadanos, por mencionar posiciones políticas de tendencias conservadoras, podría ejercer o no este trabajo. Entiendo que, obviamente, poder puede, es decir, para trabajar como Educadora o Educador Social no se pide carné de afiliado o afiliada a ningún partido, faltaría más, pero entiendo que comprendéis hacia dónde quiero llevar el debate. Por otro lado y aludiendo, en cierta forma, a esa supuesta mayoría progresista que parece prevalecer en el seno de nuestra profesión y coincidiendo con mi reciente lectura del interesante y, a la vez, polémico libro de Daniel Bernabé (trabajador social titulado, por cierto, si no recuerdo mal) “La trampa de la diversidad”, me han sobrevenido muchas de las posiciones que, a menudo, mantenemos en nuestro colectivo respecto a determinados grupos. En ese sentido, es bueno que defendamos a minorías y personas que, de base, parten con desventaja social. Va en nuestro ADN profesional. El problema es que, a veces, hemos defendido lo indefendible y, sin querer, hemos dado la espalda a mucha otra gente. O no les hemos prestado la misma o la suficiente atención. Creo, con todo, que podríamos establecer un claro paralelismo con lo que le ha ocurrido a buena parte de la izquierda en los últimos años. Por ejemplo, cuando a veces por querer defender hasta la extenuación, pongamos, el derecho al acceso a una vivienda digna (objetivo más que loable, claro), se han podido llegar a justificar ocupaciones que impiden a sus propietarios acceder a sus casas, posicionándonos, llegado el caso, de espaldas a todo un barrio o un pueblo. Y, en estos casos, puede que esta parte de la población acabe acudiendo a los brazos de posiciones que, como comentábamos antes, sí parecen estar en las antípodas de nuestras supuestas posiciones ideológicas. De nuevo el paralelismo con lo que le ha ocurrido a buena parte de la izquierda (¿les suena Trump, Brexit, VOX?) En este sentido, creo que me expliqué mejor en este par de párrafos de este artículo que escribí en EducaBlog en enero del 18: Sigo creyendo firmemente en que nuestra línea tiene que seguir basándose en la prevención, en la incidencia en las causas expuestas, en la educación social. Pero también creo que las y los profesionales que nos decantamos por esto y apostamos por lo expuesto, debemos escuchar esas voces que piden otras formas de actuación, aunque no las compartamos. Creo que debemos redoblar esfuerzos para, aun manteniendo nuestro discurso, no alejarnos de la población que pide una respuesta más eficaz, más visible. No podemos situarnos exclusivamente en un plano teórico, situarnos como gurús, lejos del suelo que pisan, que pisamos todas las personas. Tendremos que acompañar a los chicos y chicas que cometen...

LA ABUELA

Paseo por la ciudad sin rumbo fijo. Un museo a mi derecha, me provoca e invita a adentrarme en sus salas con la visita de Goya, y unos lienzos de la nobleza vizcaina de siglos pasados. Con una Mirada profunda, quizás aviesa, una mirada atrevida y sociológica, con un toque vouyeaur; en definitiva una Mirada edusa. Antes de entrar, me recreo en el cuidado de una señora de avanzada edad y lo que seguramente fuesen sus dos nietos. Con serenidad, con cariño y sobre todo, incondicionalidad. Pienso en la estampa y me retrotraigo a mi cuasi prolongada trayectoria profesional: ¿ cuantas abuelas has llegado a conocer en este oficio ? ¿qué labor personal y familiar desempeñan en contextos de desprotección de sus descendientes? ¿por qué ellas y no otros/as? Brotan en mi, decenas de sensaciones y recuerdos, mayoritariamente constructivos, de orgullo y reconocimiento. Abuelas, otrora madres, que en su dia tuvieron que lidiar y convivir con desajustes convivenciales, luchar contra buena parte de consumos y formas de vida libertarias que iban corroyendo tanto la economía familiar como la salud de sus protagonistas. Madres coraje con escasos recursos, que hacían valer sus escasos conocimientos existenciales para intentar sacar adelante un hogar humilde, trabajador y en el mayor de los casos, migrante y desarraigado. Hijos de un contexto industrial en declive y unas ciudades en construcción donde la sostenibilidad o el bienestar y calidad de vida, no estaban entre sus prioridades. Esos hijos/as libertarios, algunos acuciados/as por hábitos poco saludables, acabarían siendo padres y madres, en un momento existencial en el que muchos/as de ellos/as estaban más preparados/as para ser cuidados que para ejercer de cuidadores/as. Hijos/as que creerían poder compatibilizar el estatus juvenil y la vida de ocio nocturna ( incluso diurna) con un minimo...

La frustración de los Súper Padres...

“Los padres, cada vez más fieles a sus hijos, a medida que el ideal de pareja declina, parecen identificar a éstos como sus salvavidas y, al mismo tiempo, los hijos les generan angustia y miedo a equivocarse y a no cumplir con su parentalidad positiva que se les recomienda (burn-out parental)” (Ubieto y Pérez, 2018) A más manuales en papel o en PDF, a más micro píldoras en formato vídeo, a más escuelas de madres y padres, a más revistas especializadas en crianza, a más recursos, en definitiva, para facilitar la tarea educativa, ¿más presión para unos padres que buscan alcanzar una especie de ideal de perfección que, como no puede ser de otra manera, a menudo choca con la cruda realidad? Evidentemente, no es, per sé, algo negativo la existencia de este tipo de materiales. Siempre puede venir bien, en un momento de duda, acudir al elemento que sea para tratar de resolver lo que nos acucia. Son muchos y muy buenos los recursos que tenemos disponibles las madres y padres para consultar que nos ayuden a mejorar la relación con nuestros descendientes, cómo comunicarnos mejor con ellos y ellas, etc… el problema está en seguir a pies juntillas todo lo que en ellos aparezca y en que, como materiales genéricos que son en su gran mayoría, pueden caer en una homogeneización que no atiende la peculiaridad o subjetividad de cada niño o niña y de sus familias. Mi hijo no tiene por qué responder de la misma manera que la tuya ante un mismo acicate, ante una misma motivación… habrá críos que requieran de un mayor seguimiento y otros que necesiten más libertad de movimientos, etc… puede sonar de perogrullo pero incluso hasta las tendencias educativas más progresistas, co-educativas o lo que...

Bienvenido a la Educación Social. Vengas de donde vengas....

Un colegio elitista. Muy elitista. De esas élites que ni siquiera se jactan de ello. Que incluso ni siquiera lo parecen. Uno de esos centros en los que la matrícula cuesta un ojo de la cara y parte del otro. Esos colegios con piscina cubierta y climatizada, con unas grandes instalaciones alejadas del mundanal y mundano ruido. Un colegio privado. No concertado. Privado. No hacen falta las prebendas de la administración. Un centro con su propio sistema o metodología o modelo. Todo validado por la institución, sí, pero al margen de ella. Un colegio con alumnado exclusivo de familias exclusivas con coches exclusivos y móviles exclusivos. Un colegio en el que se habla inglés muy bien. Un colegio en cuyo comedor se come muy bien y en el que se hace gimnasia muy bien porque tienen un centro de alto rendimiento. Un colegio, en todo caso, en el que también se harán pellas, se pondrán motes a los profesores, habrá bullying e incluso chicos y chicas que saquen malas notas. Un colegio que forma a la élite, claro. A futuros y futuras empresarias, doctores y doctoras, abogados y abogadas, a tiburones del parqué bursátil o a grandes CEOs de grandes marcas y a grandes ingenieros e ingenieras que diseñarán vaya usted a saber qué. Un colegio así. En un colegio así, aparece, sin embargo, un chico preguntando por libros para leer sobre Educación Social. Y uno, con toda la arbitrariedad del mundo, con todos sus prejuicios, se imagina a un profesor del elitista centro contestando: “¿libros sobre qué?” Y diciendo: “nadie en el colegio se plantea estudiar algo así”. E insistiendo: “¿Qué hace un chico como tú en una carrera como esa?, ¿lo saben tus padres? Pero, ¿tú ya sabes con qué gente trabajan...

¡Participa en el cuestionario sobre Educablog!...

¡Si eres educador o educadora social, necesitamos tu ayuda! Educablog lleva acompañando a profesionales de la Educación Social desde 2006 y queremos saber tu opinión acerca de este espacio, tanto del blog como de sus redes sociales. Para ello, te invitamos a participar en este cuestionario para que nos des tu parecer. ¡Tu opinión es muy importante para el presente y el futuro de Educablog! La información que se recoja se utilizará para realizar el trabajo fin de máster (TFG) de uno de los componentes de Educablog con la finalidad de analizar la aportación del mismo al aprendizaje en línea de los/las profesionales de la Educación Social y recoger propuestas de mejora para que siga siendo un referente de este ámbito en la red. ¡Muchas gracias por tu participación! Para acceder al cuestionario entra en el siguiente enlace: Cuestionario sobre...

“Niñ@s Híper. Infancias hiperactivas, hipersexualizadas, hiperconectadas” (Jose Ramón Ubieto y Marino Pérez Álvarez, 2018. NED Ediciones). ¡VIVA LA INFANCIA!...

No negaré que el apellido de Ubieto, José Ramón, psicólogo y profesor de la UOC que, habitualmente toca, escribe y reflexiona en torno a infancia y adolescencia, y conocido por sus obras relacionadas con el trabajo en red y el TDAH, supuso un gran atractivo a la hora de acercarme al libro “Niñ@s Híper. Infancias hiperactivas, hipersexualizadas, hiperconectadas”, (NED Ediciones, 2018) obra que ha escrito al alimón con Marino Pérez Álvarez, Catedrático de Psicología de la Universidad de Oviedo, un gran descubrimiento, todo sea dicho de paso, para futuras lecturas. Pero la propia temática del mismo, el acercamiento a las realidades infanto-juveniles en la actualidad y a la interacción que los adultos mantenemos con ellos y ellas, también ejerció de imán para priorizar su lectura frente a otros títulos. Y es que, como acertadamente apuntaba nuestro estimado Cosme, Ubieto tiene la capacidad de leer muy bien la época actual y extraer orientaciones en nuestra práctica cotidiana. Si a todo ello le sumamos el planteamiento formal de “Niñ@s Híper”, esto es, la propuesta de analizar las infancias actuales como si de una conversación entre Ubieto y Pérez se tratase (y, de hecho, se trata), pues las expectativas frente a esta obra partían bastante altas y, afortunadamente, se han cumplido sobradamente. De esta forma, en sus casi 200 páginas, Ubieto y Pérez van reflexionando en torno a un buen número de aspectos que contextualizan y definen cómo son los niños y niñas en los tiempos actuales y también cómo se les entiende desde el mundo adulto. En ese sentido, los paradigmas o tendencias ideológicas que marcan el momento histórico actual, en el marco occidental, influyen sobremanera en los procesos educativos que mantenemos y ejercemos. Así, como corresponde a la era del homo consumus, niños y adultos...

Educación Social, no estoy bien...

Necesito parar. No se lo he dicho a casi nadie, pero lo necesito. La educación social es una ciencia que históricamente se ha alejado del mundo de la salud, pero que necesariamente convive con ella en multitud de proyectos. No se si por esta u otra razón, nos alejamos de nuestra propia salud como profesionales y de la importancia que tiene en nuestra labor, temas como el autocuidado, el trabajo en equipo (no nombrarlo, sino desarrollarlo y ponerlo en práctica), la protección de los equipos, el trabajo relacional, los espacios de respiro y la regulación emocional. No quiero resultar tan tremendista como recientemente exclamaba un educador social madrileño, quien comparaba nuestra profesión con “el riñon de la sociedad”. Vivimos momentos muy duros, difícilmente digeribles, nos produce malestar en ocasiones parte de nuestra tarea reeducativa y contenedora. Eso es indudable. Y aún relevamos a un plano excesivamente secundario, el autocuidado o el maltrato físico e institucional que en ocasiones sufrimos las y los educadores sociales, en el desempeño de nuestra labor profesional. Cotidianamente tema tabú e invisibilizado, cuando no minimizado. “No hay tiempo” “Son cosas menores” “Las verdaderas dificultades son las de los chavales/as, no las nuestras” “Los problemas de nuestros/as residentes son mucho mas relevantes y acuciantes” “Eres el cuidador, no puedes permitirte estar mal o decaer” “Necesitan que estés, más que tu ausencia” “Aquí estamos para currar” “Hay que ser fuerte” “Recuerda que eres un referente” “Tienes que dar ejemplo” “Es una temporada, después vuelves a estar bien” “Se pasará” ¿Pero realmente nos hemos curado? O,¿solo lo hemos tapado y pospuesto para una posterior ocasión? Hasta la siguiente caída o bajón: un año, dos, quizás tres en el mejor de los casos. ¿Han oído o sentido, algunas de estas alocuciones en sus centros...

COSME

Corría el año 2012. Mientras se celebraba el VI Congreso estatal de Educación Social en Valencia, un servidor se tuvo que conformar con redactar parte de la crónica del mismo desde la distancia, agradeciendo asi la invitación realizada por el Ceesc, colaborando en su enorme publicación Quaderns d’Educació Social. Dentro de la vorágine de emails, tuits y demas información trasladada por las RRSS, recuerdo una muy nitidamente de un compañero @Educabloguer: “Ponencias muy potentes, con un participante hiper activo y critico con el oficialismo congresual. Ataviado de su gorra de béisbol y un shirt alternativo, se asoma un gran Cosme Sánchez Alber”. Cosme Sánchez Alber (Bilbao, 1976) nació educador social antes de él saberlo. Urbanita, gran amante de la cultura en general y sus expresiones artísticas, no es raro tropezarte con él en alguna muestra, museo o concierto musical. Un hombre contemporáneo, en busca de la profundidad y los matices, tan en precario últimamente en este modelo hiperconsumista, fugaz e individualizado. Aunque su formación se dirigió hacia la sociología, no fue realmente más que un camino, de tanto otros, que le acercó al mundo relacional con las personas. Su trayectoria divaga y se emerge, a partes iguales, en el cómo y los porqués del ser humano, rescatando sus genuidades, “y particularidades” como él mismo nos relata. Es por ello, que sus resistencias a las neurociencias, provengan no tanto desde la desconfianza, sino como realidad que en cierta manera limita y constriñe las incertidumbres y autenticidades del ser humano, reduciéndolas por momentos a reglajes y efectos bioquímicos que nuestros propios organismos generan, consciente o inconscientemente. Gran orador, peca en ocasiones de vehemencia, no porque no respete la opinión de otros/as interlocutores, sino porque cree ciegamente en unos paradigmas y unas ciencias sociales, que rescaten al...

¿Cómo ser educadora/or social y no morir en el intento? #EdusoDay2018...

Cómo ser educadora o educador social y no morir en el intento, nos proponen las amigas y amigos del CEESC que organizar felizmente, un año más, el Carnaval de Blogs. Cómo serlo, nos preguntan, como si, en cierta forma, ese rasgo de supervivencia no fuese algo inherente o consustancial a la propia profesión en sí misma… bueno, quizá estemos pecando de un exceso de dramatismo o, quién sabe, para muchas y muchos igual hasta nos quedamos cortos. De hecho, aunque todo esto pretende tener un cierto toque humorístico, a veces la realidad de nuestro oficio nos plantea, literalmente, situaciones en las que nuestro pellejo se pone en peligro, tal y como, por ejemplo, atestiguamos en un post titulado “Mi educando me pega lo normal”. En cualquier caso, la invitación a describir cómo nos lo montamos para no sucumbir en nuestro día a día está más orientada a reflexionar o plasmar o, mejor dicho, a reconocer y reconocernos en esos fallos que, como humanos que somos (sí, lo somos), también cometemos en nuestro ámbito laboral. Errores, a veces, fruto de la inexperiencia, producto del momento, generados muchas veces por las monstruosas garras de las burocracias a las que habitualmente nos vemos sometidos a respetar, etcétera. Sea como fuere y tirando un poco de memoria, hemos recordado que en nuestro blog, www.educablog.es, ya nos hemos desnudado en alguna que otra ocasión mostrando nuestras vergüenzas profesionales con un afán, más allá de la exposición que busque la displicencia del lector, de buscar los comentarios de la audiencia para saber cómo ha podido resolver o cómo resolvería situaciones así. Por ello, si nos lo permitís, (re)expondremos aquí esos tres casos de forma resumida buscando lo mismo que perseguíamos cuando los publicamos en nuestro espacio. Por ejemplo, cuando hablamos...

Una mirada crítica a la profesión Educación Social. Mirada al pasado, presente y futuro....

Este artículo que presentamos a continuación es una transcripción literal de unas respuestas que las compañeras y compañeros de la comisión deontológica del CEESPV para tomar parte en una jornada al respecto celebrada el 22 de octubre de 2016. Tras releerlo y tras pedir permiso a la gente de dicha comisión, hemos considerado interesante compartirlo con la audiencia de EducaBlog. Esperemos que os guste. El 28 de diciembre de 2011 (y no a modo de inocentada) escribí un artículo en www.educablog.es titulado Ni clowns con malabares ni psicoanalistas de diván que, de alguna forma, podría dar algunas respuestas a las cuestiones que se nos piden para este encuentro del próximo día 22. Grosso modo, el post en cuestión viene a reflejar la sensación que yo tenía entonces (con 10 años de experiencia a mis espaldas) al respecto de la evolución que se había dado o se estaba dando (o se está dando) en nuestra profesión y que podría resumirse en un cierto proceso de burocratización, cuantificación, desconexión de la calle, etc… Otro gran titular que podría extraerse de este post que uso ahora de guía para contestar a estas preguntas que planteais, es el del hecho de que desde ahí trataba de acercar una especie de definición de lo que somos pero, curiosamente, haciendo hincapié en lo que no somos (ni animadores socioculturales ni psicoanalistas… Entonces, ¿qué somos?) Dicho lo cual e insisto, usando ese post como faro… – ¿Qué hemos aprendido? Respecto a los usuarios, hemos aprendido a desprendernos de herencias caritativas, asistenciales y paternalistas reconociéndolos como sujetos de pleno derecho que en unos momentos de su vida pueden necesitar del acompañamiento profesional de nuestra figura; asimismo, hemos aprendido a identificar ámbitos de actuación en los que poder desarrollar nuestra labor. Respecto a...

“Aporofobia, el rechazo al pobre”. Adela Cortina [BIBLIOTECA EDUSO]...

“Las realidades sociales necesitan nombres que nos permitan reconocerlas para saber su existencia (…) Si permanecen en la bruma del anonimato, pueden actuar con la fuerza de una ideología, entendida en un sentido de la palabra cercano al que Marx le dio: como una visión deformada y deformante de la realidad, que destilan la clase dominante o los grupos dominantes en ese tiempo y contexto para seguir manteniendo su dominación”. “Resulta urgente poner nombre al rechazo al pobre, al desamparado, porque esa actitud tiene una fuerza en la vida social que es aún mayor precisamente porque actúa desde el anonimato. Justamente porque su realidad incontestable no tiene una existencia reconocida, no se la puede desactivar”. Y Adela Cortina se empeñó en ello. Se afanó en desactivar dicha realidad o, al menos, sentar una base semántica a través de la cual identificar la existencia del odio al pobre. Y engendró el término Aporofobia, concepto que da título que a la obra hoy traemos a nuestra biblioteca Eduso y nombre que, finalmente, se incluyó en la RAE y que fue elegida palabra del año en 2017. Con todo, una aproximación a definir de forma sencilla y directa el término Aporofobia consistiría en lo que ya hemos mencionado, esto es, el rechazo al pobre. Una fobia que se distingue bien de otras primas hermanas, como por ejemplo la xenofobia, pese a que a menudo se les puede confundir. En ese sentido, Cortina distingue extranjeros aceptados con los brazos abiertos (turistas, deportistas de élite, magnates foráneos) y aquellos que no lo son (todos los migrantes que cruzan el estrecho, aquellos que se embarcan al Mediterráneo tratando de llegar a las costas occidentales en busca de un futuro mejor, etc…) Pero, más allá de entenderlo en contraposición a otros...